Power Ballad
Directed by John Carney
Paul Rudd, Nick Jonas, Havana Rose Liu, Jack Reynor
“John Carney hace exactamente la misma película por quinta vez, y lo exasperante es que todavía funciona.”

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The Review
John Carney lleva dentro exactamente una historia, un músico triste encuentra la salvación a través de una alianza creativa improbable, y Power Ballad es más o menos la quinta vez que la cuenta. En esta ronda, Paul Rudd interpreta a Rick, un cantante de bodas pasado de su mejor momento que sobrevive a los días más felices de otras personas, hasta que Danny, estrella de boy band en decadencia interpretada por Nick Jonas, irrumpe en uno de sus conciertos y una jam nocturna cambia las dos vidas. Luego Danny se apropia de una de las canciones de Rick, la convierte en el éxito del verano, y la película se vuelve por un momento algo más afilado, una historia sobre quién es realmente dueño de una melodía. Puedes poner el reloj en hora con los giros, y el estreno fue en Dublín, por supuesto. Y aun así la fórmula sigue tarareando, irritantemente eficaz, como un estribillo que jurabas odiar hasta que te sorprendiste cantándolo en la ducha.
El milagro aquí es Rudd, que por fin permite que alguien lo filme cansado. Despojado de la sonrisita y del brillo de las franquicias, interpreta a Rick como un hombre que sabe exactamente lo bueno que fue y lo poco que importó, y es discretamente una de sus mejores actuaciones. Jonas, en el papel de un ídolo pop en decadencia, hace algo más cercano al documental que a la actuación, y esa lucidez le da pulso a la película. Cuando los dos se sientan con una guitarra a las dos de la madrugada, la vieja magia de Carney aparece, la cámara se acerca, la sala se queda quieta, y durante unos minutos recuerdas por qué a este hombre le siguen dejando hacer la misma película. Las canciones son genuinamente buenas, y en este género eso no es un extra, es el muro de carga entero.
Los problemas llegan puntuales, como todo lo demás en el guion. A Havana Rose Liu y Jack Reynor les tocan personajes que existen sobre todo para esperar a los protagonistas, y la idea más espinosa de la película, que la industria musical blanquea el robo llamándolo colaboración, queda suavemente sedada antes del final para que nadie salga molesto del cine. Cada confrontación se resuelve exactamente una escena después de que la predices, y el final ata un nudo legal y moral con un abrazo y un cambio de tonalidad. Es cobardía, bellamente orquestada. Y aun así, aquí está el lado bueno, y es real: Power Ballad se gana sus lágrimas con honestidad, las canciones vivirán en tu cabeza una semana, y Rudd demuestra que hay un actor serio bajo toda esa eterna cara de niño. La fórmula de Carney es una jaula, pero dentro de esa jaula, el hombre todavía canta.
What It Nails
- +Paul Rudd, sin glamour y con un dolor callado, entrega una de sus actuaciones más sólidas en años.
- +Nick Jonas interpretando a una estrella de boy band en decadencia es menos actuación que confesión, y funciona por completo.
- +La trama de la canción robada le da dientes de verdad a la fórmula amable de Carney, al menos durante dos actos.
- +El hombre sigue filmando una escena de música en vivo como una experiencia religiosa, y las canciones lo merecen.
What It Botches
- -Es Once, Begin Again y Sing Street con esmoquin de boda alquilado. Esta canción ya te la sabes.
- -Havana Rose Liu y Jack Reynor quedan aparcados en subtramas que la película olvida constantemente haber escrito.
- -Cada conflicto se resuelve exactamente una escena después de tu predicción, como un reloj con setlist.
- -El tercer acto cambia sus preguntas más afiladas sobre créditos y robo por un abrazo grupal y un cambio de tonalidad.

Think your work can survive this?
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Who It's For
Cualquiera que haya llorado alguna vez con una película de John Carney y esté totalmente dispuesto a repetir, según calendario, con palomitas.
Who Should Skip
Los cínicos que creen que un montaje no arregla un robo de propiedad intelectual, porque esta película está convencida de que sí.
Marketing Roast
La campaña pegó la cara sin edad de Paul Rudd en cada póster junto a Nick Jonas y las palabras 'del director de Once y Sing Street', lo cual es menos marketing que una nota de rescate dirigida a todos los que lloraron en un cine en 2007. El tráiler entierra la trama real, una historia bastante afilada sobre créditos de composición robados, bajo dos minutos de guitarras al atardecer y golpes de tambor inspiradores, porque ni se les ocurra dejar que el público descubra que la película tiene un conflicto. Y la estrategia de estreno, salas selectas el 29 de mayo antes de la expansión del 5 de junio, es el clásico vals de 'confíen en nosotros, esto es prestigio' para una película cuyo argumento de venta entero es que ya la viste cuatro veces y te gustó todas.

Your turn. Drop something.
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