Cómo escribir la carta de un restaurante (y cómo no hacerlo)
Una carta es un documento de ventas que se hace pasar por poema, y la mayoría se leen como si un diccionario de sinónimos hubiera tenido un ataque de pánico.
Tu carta es el único empleado que habla con cada comensal, nunca pide baja y decide en silencio si alguien pide la guarnición de 9 euros o el principal de 34. La mayoría de los dueños la tratan como una ocurrencia de última hora impresa la noche antes del servicio. Y se nota.
The Full Truth
on La carta de cena de un bistró nuevo
Treinta y un platos, cuatro tipografías y un 'jugo de la firma del chef' que aparece en seis de ellos, lo que lo convierte menos en una firma y más en un problema de caligrafía.
- 01
Es un muro, no una carta
CriticalTreinta y un principales en cinco categorías difusas hacen que nadie termine de leer y todos acaben pidiendo la hamburguesa. Recorta a doce platos que ejecutes sin un solo fallo y verás subir tu ticket medio en lugar de tu cubo de basura.
- 02
La columna de precios hace el sabotaje por ti
CriticalEuros alineados a la derecha con puntos suspensivos convierten la página en una hoja de costes, así que los comensales eligen por número, no por antojo. Integra los precios en la línea del plato, quita el símbolo y deja que la comida venda primero.
- 03
Todos los platos presumen, así que ninguno lo hace
NotableCuando 'artesanal', 'casero' y 'de la firma' aparecen en casi cada línea, las palabras dejan de significar algo y empiezan a no significar nada. Reserva la fanfarronería para los dos platos que se la ganaron y deja que el resto se sostenga con sustantivos sencillos.
Suprema de pollo de corral artesanal salteado con un medley de verduras de temporada de proximidad y jugo de la firma del chef ............ €24,00
Pollo asado, puerros a la brasa, jugo de limón y tomillo 24
Lasaña de ternera casera 'famosa de la abuela' (¡La favorita de los clientes!) ............ €19,50
Lasaña de ternera, jarrete braseado lento, ragú de 24 horas 19
- 1Recorta la carta de 31 a 12 platos: quédate con lo que vende y lo que emplatas perfecto un sábado de lleno, elimina el resto.
- 2Elimina la columna de precios. Quita los símbolos de euro y los puntos suspensivos, y pon cada precio con discreción al final de su descripción.
- 3Audita los adjetivos: concédete diez palabras de fanfarronería en toda la carta y gástalas solo donde la procedencia o la técnica sea realmente verdad.
- 4Añade un plato ancla con un precio un 40 por ciento por encima del resto, y coloca tu principal de mayor margen justo debajo para que se lea como la opción sensata.
That was a stranger's restaurant menu. Drop yours, I will go just as hard.
One coffee, from €2,99. No mercy.
Una carta no es una lista de platos. Es una visita guiada, un argumento y una estrategia de precios vestida con una tipografía bonita. Bien hecha, vende los platos con los que ganas dinero y entierra discretamente los que no. Mal hecha, hace que un comensal hambriento se sienta tonto, y quien se siente tonto pide el pollo y no vuelve jamás.
- 01Organiza según cómo decide la gente de verdad, no según los puestos de tu cocina. Picoteo, entrantes, principales, dulce. El comensal busca un recorrido, no una hoja de cálculo de tu línea de preparación.
- 02Ancla con un plato deliberadamente caro para que el que de verdad quieres vender parezca razonable por comparación. El tomahawk de 48 euros existe para vender el cerdo de 26.
- 03Describe las dos o tres cosas que de verdad importan: el ingrediente estrella, la técnica, la procedencia. 'Asado lento', 'curado en casa', 'de la granja de aquí al lado' se ganan su tinta.
- 04Quita los símbolos de moneda y mete los precios sueltos dentro de la descripción, no en una columna ordenada a la derecha. Una columna de números convierte tu carta en un ejercicio de comparar precios.
- 05Recorta la carta un tercio. Menos platos significa género más fresco, decisiones más rápidas y una cocina que puede ejecutar cada línea de verdad en lugar de fingir ocho.
- Listar 47 platos 'para que haya algo para todos', lo que garantiza que la mitad acabe en el congelador y todos sean mediocres.
- La línea de puntos que une cada plato con su precio, como una factura de teléfono de los noventa, para que el ojo lea primero el coste y después la comida.
- Sopa de adjetivos: 'salteado artesanal hecho a mano de proximidad de granja de corral' antes de la palabra 'huevo'. Lo pillamos. Es un huevo.
- Las comillas alrededor de la receta 'de la abuela' y la hamburguesa 'famosa'. Nada grita casero como una puntuación que te suplica que te lo creas.
- Una guindilla de clipart como única señal de que un plato pica, sin nada de información de alérgenos, en una hoja plastificada actualizada por última vez cuando llegó el euro.